Me gustaría tratar hoy sobre un tema recurrente entre mis pacientes en relación con las prótesis para rodillas y los avances en la cirugía protésica para proporcionar tratamientos individualizados para cada problemática y persona concreta.

Actualmente, trato a un grupo de pacientes que mantienen características clínicas comunes, pero con un enfoque terapéutico indudablemente diferente.

En este sentido, cuento con pacientes a los que se les han realizado hace años y de manera sistemática meniscectomías parciales o completas, y hoy como consecuencia de ellas, en su cuarta o quinta década de la vida, sufren sus consecuencias. Son pacientes con edad alrededor de los 50 años, laboralmente activos y muchos de ellos deportistas, que necesitan una solución a su dolor de rodilla. Una solución a su medida.

Mi recomendación para ellos es que es de vital importancia individualizar las opciones terapéuticas, como la cirugía artroscopia de lavado y rehabilitación, las técnicas de estimulación medular (microfracturas, shaving condral), la infiltración de plasma rico en plaquetas, la osteotomía de realineación de EEII, el transplante meniscal o cartílago auto-heterólogo, las prótesis unicompartimentales o las prótesis totales.

De menor a mayor agresividad quirúrgica deberíamos indicar este tipo de cirugías en función de la edad, demanda actividad física y expectativas del paciente.

Cabe destacar que, actualmente, no tenemos resultados fehacientes sobre los resultados de transplante meniscal o meniscos sintéticos que puedan ser la mejor opción terapéutica para estos pacientes, sobre todo cuando han iniciado cierto grado de desgaste del cartílago articular.

Sin embargo hace unos años, en un congreso internacional sobre cirugía protésica, me llamó especialmente la atención una ponencia del profesor Freeman sobre como diseñar una prótesis de rodilla a medida del paciente, como si de unos zapatos se tratase. Unos zapatos a medida. Freeman explicaba que lo ideal es que no fuese el zapato que se adaptase a nosotros, sino nuestro tamaño del pie al zapato, y pudiéramos disponer de un 43,7, por ejemplo.

Por lo que me quedo con la frase de Freeman, “zapatos para todos “y no, a cada uno su número. Con ello, considero y me uno a la afirmación de que los diseños protésicos deben tener una modularidad tal que nos permitan calzar una talla personalizada y no estándar.

Josemi Catalán