Si el ejercicio en la edad adulta reduce la aparición de enfermedades en la vejez, practicarlo durante este período prolonga la vida. Con estos datos sobre la mesa, no es de extrañar que fomentar la actividad en esta franja de edad esté ganando cada vez más importancia en las agendas gubernamentales de Occidente, conscientes de que en el siglo XXI el grupo de edad más numeroso será el de los mayores de 65 años.

El reto: lograr “envejecer bien”

Actividades tan cotidianas como caminar o nadar mejoran la salud, la capacidad funcional, la calidad de vida y la independencia, por muy tarde que se empiecen a realizar. El deporte no puede borrar el paso del tiempo, pero sí ayudar a “envejecer bien”, convirtiéndose en una de las mejores herramientas para mejorar la calidad de vida en esta etapa. Y es que la calidad del hueso, la fuerza muscular, la elasticidad o la eficacia cardiorrespiratoria depende, en gran medida, de esta práctica saludable. ¿Más ventajas? El deporte y una dieta cardiosaludable mejoran la memoria, la tensión, reducen el riesgo de padecer diabetes, depresión, ansiedad… Además de mantener los kilos a raya. Y si a este estilo de vida saludable se le une el abandono de algún hábito nocivo, los resultados serán mejores.

Cambios en esta etapa de la vida

Pero, ¿qué cambios experimentamos durante la vejez? En este período el cuerpo no funciona a la velocidad que lo hacía en otras etapas. Es normal sufrir alguna dolencia y la calidad de las fibras no es la misma que cuando se es más joven. Por todas estas razones, es importante que en esta etapa de la vida no perdamos la movilidad. Si estas decidido a practicar ejercicio, te recomendamos que consultes a tu médico. Tu historial y una prueba de esfuerzo te ayudarán a determinarán qué tipo de ejercicio puedes practicar y a cuánta intensidad.