El director de Catalán Trauma -centro especializado en traumatología deportiva y terapias bioregenerativas-, el Dr José Miguel Catalán, ha publicado este post en su perfil personal de Facebook. Lo compartimos íntegramente en este blog, son unas reflexiones y una experiencia personal que os resultarán muy interesantes.

“Antes de contároslo, he querido que pasaran unos meses desde el inicio de mi nueva andadura en un deporte desconocido para mí como es el #karate.

En septiembre me inicié en el karate. O mejor dicho en una disciplina (arte marcial), porque considero que es más que un deporte a estas alturas. Cansado después de 7 años dedicándome al triatlón, necesitaba un cambio adaptado a mi nueva vida laboral y familiar, ya que cada vez era más difícil sacar tantos horas de entreno. Y la motivación con el paso del tiempo ya no estaba.

Como os digo, me inicié de la mano de mi Maestro Francisco Díaz. En las primeras clases ya me exigían estar atento en lo físico, mental y coordinativo.

Fui conociendo las palabras en japonés de cada una de las patadas, y movimientos en las katas, formándome una idea de lo que es el karate. Lo que más me llamó la atención fue por una parte el respeto a tus compañeros, el aprendizaje que me ofrecían ellos mismos, donde nadie es más que nadie. Independientemente del cinturón que lleves.

Hoy después de pasar dos convocatorias, luzco mi cinturón naranja. Para mí es un honor, porque es reflejo del conocimiento aprendido de mi maestro, de la dedicación y del sudor en cada uno de los entrenamientos.

El karate me está enseñando algo más que lo puramente deportivo. Es el conocimiento de mí mismo, conocer los límites físicos y mentales, y adaptarlos a la vida con nuestras rutinas y problemas.

Comparto estos sentimientos con mis amigos y conocidos para que se animen a probar otros deportes. Hay que quitarse miedos y pudores y enfundarse un karategui, y empezar en este deporte que será olímpico en las próximos juegos de Tokio”.